Tiene sentido cuando el problema es la visibilidad: negocios nuevos, zonas con tráfico turístico, locales que deben llenar los días flojos. El portal trae clientes que nunca te habrían buscado, y para esos los 2 € por cubierto son un coste de marketing legítimo, comparable a una promoción. El pacto que hay que aceptar con lucidez: ese cliente es del portal, no tuyo. El contacto — número, email — queda en la plataforma, no llega a tu agenda, y el cliente que vuelve la segunda vez a menudo vuelve a reservar por el portal, pagando de nuevo la comisión. El portal vende cubiertos, no clientela.
No tiene sentido cuando la clientela es habitual: pagar 2 € por cubierto por quien te habría llamado de todos modos es un impuesto a la fidelidad. Sobre 50 cubiertos al día de gente del barrio la cuenta supera los 30.000 € al año: la misma cifra paga un año de reserva directa. La práctica madura es la doble velocidad: portales encendidos para los días vacíos y los clientes nuevos, canal directo — sitio, widget, WhatsApp — premiado en todas partes: en la carta, en caja, en el mensaje de confirmación. Quien usa la doble velocidad ve la cuota de reservas directas subir del 20-30 por ciento: los clientes siguen el camino más cómodo, si se lo muestras.
Preguntas frecuentes
- ¿Cuánto retienen los portales por cubierto?
- Los más usados en España rondan los 2 € por cubierto, con puntas mayores en fines de semana y en centros turísticos. Algunos trabajan también con la cuota mensual. El número que cuenta es anual: cubiertos medios al día por días abiertos por el coste unitario.
- ¿Depender de los portales es arriesgado?
- Si es el único canal, sí: cambian comisiones y reglas, y tú no controlas ni el precio ni la relación con el cliente. El riesgo baja mucho cuando el portal es uno de los canales y no el canal: mejor tres fuentes de reserva que una sola, sea cual sea.
